El durísimo cine de Sam Peckinpah ejemplariza en un matemático lo que puede ocurrir al llevar a un hombre amable al límite de su capacidad de aguante.
Un hombre pacífico dispuesto a transigir, a tolerar excesos hacia su persona, se va a crecer cuándo se traspasa su límite ético. Violenta donde las haya, de lo más duro de Peckinpah, la película se resume en su título con claridad: los matones se disuelven por momentos. Las ideas son más fuertes que la fuerza.
En el film se pueden encontrar esporádicos momentos matemáticos, pizarras y cálculos binarios, nos quedamos con el intrascendente inicio de presentación del estudioso.
La cinta se estrenó en 1971, después de la consagración del director con Grupo salvaje.